Límites

Me decidí y solté la chiringa que llevaba agarrada con tu nombre.

Mientras la veo volar alto,

sobre el océano parecido a ti,

la felicidad y la tristeza se pelean en el pecho

debatiendo quien tiene derecho a que…

Entonces me susurro llorosa

que ambos vamos a estar bien:

tú, porque la libertad a explorar siempre te ha vestido bien,

y yo, porque descanso tranquila en el saber que, aunque te quiero con el alma,

me puse a mi primero.

Por: Ambar Delgado Hernández

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